Notificación, aviso de nuevo correo electrónico. Abro nervioso la bandeja de entrada y ahí está, por fin. Es el manual, la biblia. La guía del que iba a ser mi primer tour con IMTBIKE. Y al ojear la portada pensé: ‘ey, suena bien… ¡Cantina Tour!

Entonces imaginé una ruta en moto visitando las mejores tabernas del sur de la península. Algo así como una mezcla entre lo castizo y lo hispano… una especie de Rocío Dúrcal de los tours 😀  “Ah espera, ¡que esto no va de mariachis ni de cantinas!”, me dije mientras pasaba a las siguientes páginas del manual.

“Can-Tina”, me repetí a mí mismo varias veces. Por fin estaba empezando a entenderlo. Una parte del grupo procedía de Canadá, y el resto de Argentina. Y fue a partir de ahí cuando comprendí que esto no sólo iba de montar en moto. Era algo que podía parecer evidente para muchos pero no lo era tanto para alguien cuyos últimos viajes en grupo se llamaban “Kalahari Challenge/Desafío Kalahari” o “Wild Lesotho/Lesoto Salvaje”. Esperaba recibir un “road book” y me encontré con un libro de instrucciones.

Esto iba de personas. Para IMTBIKE era fundamental que esto quedase plasmado desde el principio, y qué mejor manera de hacerlo que adjudicando a este tour el nombre y carácter de los propios integrantes del grupo. En ese momento se me vinieron a la cabeza las palabras de Scott y Martín sobre la importancia de conocer bien a nuestros clientes. Me avisaron de que cada grupo tiene su personalidad. Cada grupo es especial y por tanto diferente a los demás.

A estas alturas ya me había dado cuenta de que aquello no iba a ser fácil. Dos culturas tan diferentes como la argentina y la canadiense, juntas en un viaje a través de dos países europeos tan diversos como España y Portugal. Y yo ahí en medio de todo… “Uff, voy a necesitar ayuda”, pensé.

Y entonces recibí una ‘master class, by Chano’, el guía más experimentado de la empresa, y que me acompañaría en esta primera aventura con IMTBIKE. Un hombre alegre a la vez que sereno, un tío campechano y un caballero. Un libro abierto.

Así que gracias a Chano todo fue fantástico. Pero también gracias al grupo. Se trataba de personas que en su mayoría habían coincidido en tours anteriores, y que desde entonces habían desarrollado una bonita amistad que me sorprendió gratamente desde el principio.

Recuerdo cuando en el ‘welcome briefing’ a algunos de los argentinos les brillaban los ojos mientras contaban que recientemente habían viajado hasta Canadá para asistir a la boda de otros integrantes del grupo.

Y es que este viaje también iba de amistad. Algo que es fácil que surja cuando se tienen todos los ingredientes necesarios para ello. No faltó el humor, ni faltaron las sonrisas, como también hubo calidez humana, y por supuesto diversión. Cada cualidad tuvo un protagonista distinto y por eso el protagonista acabó siendo el grupo.

Además he de admitir que fue reconfortante comprobar como al hablar entre ellos cada uno hacía un esfuerzo por hacerse entender bien en inglés, bien en español o en una divertida mezcla de ambos J Se trataba simplemente de abrirse al resto y compartir experiencias. Y la verdad, así todo era más fácil para Chano y para mí.

Seguramente a estas alturas muchos de los que estéis leyendo esto os preguntaréis por las motos que eligió cada uno de los integrantes del grupo, o por el trazado de las carreteras, o por la climatología. Muchos otros sentiréis curiosidad por la calidad de los hoteles o la comida que disfrutamos durante el viaje.

He preferido obviar la respuesta porque para alguien que nació y creció en Andalucía resulta casi imposible encontrar un lugar mejor para vivir y montar en moto. Y también porque aprendí que lo verdaderamente importante de este viaje fue encontrarme con un grupo de gente inolvidable.

Al fin y al cabo, esto va de personas.